En el número de noviembre de 2003, Home:TECH Magazine publica algunos comentarios sobre Bolero Mood dentro de
la sección Audiciones Adictivas (págs. 44-45). A continuación reproducimos extractos del artículo de Víctor Baldovinos,
Cazadores de eternidad: Libertad y Aymes, que también reseña el disco ¿Y... por qué no? de Tania Libertad:
“El bolero como principio y fin; viajeros del sonido en tierras lejanas. Libertad, el inicio: del bolero
a la ópera. Aymes, el destino: del jazz al bolero. Viajeros del tiempo y el espacio. [...] Aymes deja el jazz y va al corazón de
lo eterno. Como equilibrista, logra aventuras prodigiosas en el aire, llegando al bolero como un fin. La descarga trágica del
bolero es una meta emocional, intensa, como el sonido del sol golpeando la tierra. Se necesita madurez; para saborear el bolero
se necesita haber sufrido.
”Y Roberto Aymes ya pagó sus deudas con el jazz. Ya tiene esa madurez. Lo ha hecho todo. Y ya nada tiene
que demostrar como jazzista. Por eso, ahora ahoga la síncopa en el fondo de un vaso de bolero.
”La producción inicia con una versión latina de Sabor a mí, de Álvaro Carrillo, y lo primero que
destaca es el piano de Osmany Paredes, haciendo lo necesario para actualizar las armonías y envolver el arreglo.
”Noches de desvelo, pasiones entrecruzadas, como la versión de Bésame mucho, de Consuelo
Velásquez, que inicia con un gran solo de contrabajo; emotivo y profundo.
”O Silenciosa, de Mario Ruiz Armengol, romance desgarrador en el que las escobillas de Salvador
Merchand nos llevan a un México en blanco y negro. [...] En el jazz, los novedosos se apoyan en los originales, y la idea de
hacer estas versiones de boleros clásicos es la confirmación de la regla, como en Todo y nada, de Vicente Garrido
(q.e.p.d.), donde la melancolía es la esencia del solo de piano: una de las mejores partes del CD.
”La ingeniería de Marco Polo Garibay fue muy atinada, ya que a los músicos de jazz los envía a un pequeño
lugar, acogedor y discreto, en algún momento de los años cincuenta; con suficiente aire entre los instrumentos como para pasar
caminando entre ellos. [...] Aquí el artista pasa por un redescubrimiento de raíces. El homenaje vacío y el hueco tributo sobran.
Roberto Aymes retoma estos boleros con propio derecho.” |